Para funcionar el cuerpo necesita energía, así como una máquina necesita electricidad o un coche gasolina. El combustible del cuerpo es la glucosa. La mayoría de la glucosa que hay en la sangre proviene de los alimentos que consumimos.
El organismo necesita una cierta cantidad de glucosa para funcionar. Algunos alimentos, los que contienen carbohidratos, proporcionan glucosa una vez que se digieren y absorben. Cuando comemos, la cantidad de glucosa en nuestra sangre aumenta y el cuerpo produce insulina. La insulina es la encargada de hacer que la glucosa pueda ser usada por las células del cuerpo.
La diabetes es una enfermedad en la que la producción de insulina es deficiente, es decir, que se produce poca o que la que se produce no es efectiva.
Cuando no hay suficiente insulina, la glucosa se acumula en la sangre y es cuando decimos que tenemos “alta el azúcar”. El combustible está ahí pero las células no lo pueden utilizar ya que no hay suficiente insulina.
Para cuando aparecen los síntomas y se diagnostica la diabetes, la producción de insulina puede llevar ya 10 ó 15 años siendo inadecuada.



